
Muchas veces me la jugué; porque amo intentar lograr lo que quiero y también amo mi optimismo por no abandonar nunca el juego. La peleo hasta el fin, hasta el último round, hasta sentir que no tengo más fuerzas, pero llega un momento que te cansas antes de tiempo, te hartas de que seas vos la única que da todo y no recibe nada a cambio, de sentir que la otra persona prefiere lo fácil, prefiere rendirse que seguir hasta el final, que no se la juegue o quizás si pero no por vos. Una relación es pelearla de a dos; con que uno tenga los guantes puestos pero el otro no, ¿de qué sirve? Cuesta admitir que la persona que más debería quererte, cuidarte y valorarte es la que más te lastima; la que sin darse cuenta dice y/o hace cosas que te hacen mal, la que te deja de escuchar como si fueses un CD viejo, la que te deja de hablar porque cree que es la mejor salida … salida? No sabía que nos teníamos que correr de nuestro camino, no sabía que habíamos llegado al último casillero del tablero, no sabía que la pantalla anunciaba ‘Game Over’. Hoy lo sé; quizás ya hace mucho lo sabía pero se dice que las personas cuando no quieren aceptar la realidad, se ciegan e inventan una mejor. Llegó la hora de aceptar definitivamente que una nueva lucha comenzó, me vuelvo a subir al ring para esta vez ganar la pelea, lejos de lo que fui … me esperan nuevos triunfos y también fracasos, estoy preparada para disfrutar todo lo bueno y para superar todo lo malo. Hoy comienza mi juego; el que estoy decidida a nunca abandonar, porque es sólo mío. Antes lo compartía, pero ya no.